sábado, 4 de enero de 2014

"Ni quieres ver otra sonrisa..."

Y de repente despiertas, estás en el lugar donde crees que quieres estar, te sientes bien, disfrutas, sonríes y vives. Vives como nunca lo has hecho, como nunca soñaste hacer. Te enfrentas a nuevos momentos, nuevos sentimientos y descubres que te gustan, que estos nuevos sentimientos te hacen sentir bien, querida, diferente. Estás como embrujada, dentro de una salita de espera en la que estás sólo y puedes observar a tu antojo cada detalle... 
Y entonces, y solo entonces, como presa de otro embrujo mucho más intenso que el anterior, aparece, aparece eso que siempre has tenido en mente, aquello de lo que no puedes escapar, eso que siempre creíste que acabaría yendose, evaporándose como el tiempo que ha transcurrido, como las miradas y los silencios que se han ido sucediendo sin remedio. De repente vuelve esa sonrisa tímida, ese gesto fruncido, aquella mirada intensa de ojos tiernos, todo vuelve, vuelve con él. Y vuelve a ocurrir, que siempre ha sido él y sólo él.
¿Entonces todo lo demás importa? ¿El sentirse querida, diferente, deseada... es infimamente comparable a sentir ese tembleque de piernas cuando su sonrisa te despeina? ¿Al final de la noche, qué momento es el que recuerdo? Quisiera despertar un día y estar en el lugar donde siempre SOÑÉ estar, donde mi corazón quiere terminar; y no dónde mi razón cree que quiere estar...

"Y dicen que todo lo que empieza acaba y esto terminó sin comenzar..."

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